PARADIGMA

Del griego: parádeigma o paradigma=ejemplo, modelo o patrón.

Un paradigma es un conjunto de ideas y valores que definen una forma de interpretar el mundo en un grupo y un tiempo dado. Los paradigmas actúan como filtros a través de los que los humanos crean sus culturas y configuran sus sociedades y tienen un impacto profundo en la forma en que entendemos la vida y nuestro lugar en el mundo.

Estos modelos pueden mantenerse estables durante un tiempo hasta que acontecimientos determinantes, como pueden ser los cambios climáticos, nos obligan a movernos y encontrar nuevos modelos. En muchos casos un paradigma rígido contiene en sí mismo los mecanismos para evitar que se produzca un cambio de paradigma, como el miedo, la culpa, el castigo, la amenaza de la indigencia y la pobreza, de la soledad o de la muerte.

ALGUNOS EJEMPLOS DE PARADIGMAS EN LA HISTORIA DEL ENTORNO MEDITERRÁNEO

Platón propuso que el mundo sensible que percibimos con los sentidos es solo una copia imperfecta del mundo de las Ideas, que son realidades eternas, perfectas e inmutables. Para Platón, un paradigma no es un simple modelo, es un modelo ejemplar, por lo que ha de considerarse digno de ser seguido o imitado.

En el libro: La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn, éste describe el paradigma como un conjunto de teorías, métodos y prácticas que guían la investigación en el campo científico durante un período de tiempo determinado. El paradigma dominante será el modelo aceptado por la mayoría en un tiempo dado y el cambio de paradigma sucede cuando algo desafía al paradigma del momento y conduce a una revolución científica. Por ejemplo: los descubrimientos de la física cuántica que revolucionaron la física clásica.

En el siglo XIX la física parecía haber completado sus conocimientos cuando Lord Kelvin en el 1900 dijo: «No queda nada por ser descubierto en el campo de la física actualmente. Todo lo que falta son más medidas y más precisas». Poco después, en el 1905, Albert Einstein publicó su Teoría de la relatividad especial y en el 1915 su Teoría de la relatividad general y todo empezó a cambiar…

En el Paleolítico (entre unos 2 millones de años y unos 12.000 a.n.e.) los humanos eran nómadas y se desplazaban para buscar comida y refugios. La caza, la pesca, la recolección de plantas y semillas eran sus fuentes de alimento, lo que les llevó a crear herramientas y a descubrir el fuego. Una Gran Madre daba a luz a todos los seres y habitaba en todos lados, en especial en los lugares fértiles y en la profundidad de las cavernas, el útero de la madre, donde los humanos dibujaban los símbolos de su fertilidad.

En el Neolítico emergió el paradigma sedentario gracias al deshielo de los glaciares y a las mejores condiciones climáticas. Esto permitió a los grupos humanos crear poblados más estables y desarrollar la agricultura y la ganadería junto con la alfarería y el tejido. La figura de la Gran Madre, que representaba a la naturaleza fértil, siguió siendo sagrada. Las comunidades eran bastante igualitarias, con actividades más especializadas y otras en las que participaba todo el grupo, como las relacionadas con los cultivos.

El bronce (aleación de cobre y estaño) se inició en Mesopotamia hace entre 5.000 y 3.000 años a.n.e. Un nuevo grupo emergió en las sociedades, el de los metalúrgicos. Aumentaron los intercambios y la movilidad con la navegación y el comercio y aparecieron los gremios de artesanos, metalúrgicos, comerciantes, escribas y sacerdotes que alzaban sus ofrendas a nuevos dioses del cielo. Nace el paradigma patriarcal y las sociedades comienzan a estratificarse en clases sociales y a desarrollar una estructura menos igualitaria y más piramidal.

En la Edad de Hierro se fabricaron armas y herramientas más resistentes y con el carro de combate nace el paradigma guerrero con sus nuevos dioses masculinos. La guerra se convierte en una actividad lucrativa y se crean los ejércitos.

Ejércitos de Asurbanipal rey de Asiria entre el 669 y el 631 a.C. Foto tomada en la exposición de CaixaForum, Madrid.

En esta explosión de reinos e imperios, de dioses y héroes, nace un nuevo paradigma, el del monoteísmo bíblico que coloca a Jehová como el único Dios. Él creó a Adán y Eva en el paraíso, pero éstos pecaron al comer la fruta del árbol del Bien y del Mal. Eva incitada por la serpiente se la ofreció a Adán y nació el pecado original por el que Dios los expulsó del paraíso y condenó a Eva, como promotora del pecado, a parir a sus hijos con dolor y a estar sometida al hombre. “Multiplicaré tu sufrimiento en el parto y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido y él te dominará.” Y a Adán: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas a la misma tierra de la que fuiste sacado, porque polvo eres y al polvo volverás.” Según este paradigma, Adán y Eva trajeron al mundo el sufrimiento, el pecado y la muerte.

Giovanni di Paolo – La Creación del Mundo y la Expulsión del Paraíso.
The Metropolitan Museum of Art.

Si las mujeres ya estaban bastante sometidas por las leyes de los imperios de los reyes/sacerdotes y sus héroes masculinos, con esta nueva versión se convierten además en el origen del pecado y el sufrimiento en el mundo.

Ya con el imperio romano, que extiende su poder por todo el Mediterráneo, emerge el paradigma cristiano. Cristo trajo la idea de la redención a través del perdón de los pecados y la salvación en una vida eterna. El pecado, el sufrimiento por el mismo y la necesidad de redención para alcanzar la vida eterna son las claves del paradigma cristiano, que ha influido profundamente en la cultura occidental y se ha extendido en todo el mundo. El paradigma cristiano asocia a las mujeres con el nuevo arquetipo femenino encarnado en la Virgen María, idealizada como madre obediente, casta y buena.

La caridad es un aspecto del paradigma cristiano que ayudó a crear redes de colaboración, ayuda y solidaridad, un patrón que todavía recorre el mundo en las ONG y desde el siglo XIX en modelos de pensamiento y acción asociados a los movimientos progresistas de la izquierda.

El paradigma religioso patriarcal, del dios único, y su heredero el paradigma cristiano, durante la Edad Media colocó a la Tierra en el centro de Universo, creó la idea del Bien, como Luz, y el Mal como Oscuridad, asociando el Bien y la Luz a lo Masculino y Celeste, y el Mal y la Oscuridad a lo Femenino y Terrestre. Las ideas platónicas perfectas estaban en el Cielo, y en la Tierra y la Materia estaba el mundo de la manifestación imperfecta.


Nicolás Oresme, Le livre du Ciel et du Monde, París, BnF, Manuscrits, Fr. 565, f. 69, (1377).

Desde el mundo Celeste, donde reinaba Cristo un su trono, las almas descendían por las esferas hasta su encarnación en la materia, la caída, de la que tendrían que ascender atravesando otra vez las esferas hasta poder alcanzar el reino celestial.

Aristóteles (384 al 322 a.C.) creía que la Tierra era redonda y que era el centro del universo y que el Sol, La Luna, los planetas y todas las estrellas fijas giraban alrededor de ella. Era el paradigma Geocéntrico.

Esta visión de la Tierra como centro del universo no fue puesta en duda hasta 1543, cuando Nicolás Copérnico formuló la teoría heliocéntrica en su libro: De las revoluciones de los orbes celestes, donde reconocía al Sol como centro del universo. Una idea ya planteada muchos siglos antes por el astrónomo griego Aristarco de Samos.

Sistema heliocéntrico: órbitas de los planetas vistas desde el sol. Harmonia Macrocosmica, de Andreas Cellarius (1708)

Giordano Bruno fue quemado en la hoguera en el año 1600 porque se consideraron heréticas sus ideas religiosas y por añadir a la versión heliocéntrica de Copérnico la idea de que el Sol es una estrella más en un universo lleno de estrellas entorno a las que giran un infinito número de mundos habitados.

Galileo, 1564 -1642, gracias al telescopio pudo validar la idea heliocéntrica de Copérnico y estudiar la Luna para descubrir que no era una esfera traslúcida y perfecta como afirmaba la teoría aristotélica. Descubrió la Vía Láctea, pudo ver los anillos de Saturno, descubrió algunos de los satélites de Júpiter, las manchas solares…Galileo fue condenado por la inquisición a prisión perpetua con la obligación de abjurar de sus ideas y descubrimientos, lo que hizo para evitar la tortura.

El paradigma astrológico utiliza los arquetipos representados en el Zodíaco y asociados a los planetas del sistema solar para interpretar los cambios cíclicos en la vida natural y su influencia en la vida de los humanos. Desde sus orígenes en Sumeria y Mesopotamia ha evolucionado llenando de contenidos psicológicos sus formas de interpretación, aunque sigue siendo en realidad un calendario.

Como vemos, el concepto de paradigma se asocia con un modelo que influye en el pensamiento, la forma de actuar y de interpretar la realidad y que cambia según las circunstancias de cada época. Los que se mueven más allá del paradigma imperante son los disidentes, raros y peligrosos para una mayoría integrada en la creencia común y sobre todo para los que son beneficiados por el modelo establecido.

Cada tribu y cada familia tiene sus propios paradigmas que suelen insertarse en el paradigma social y cultural predominante. En esos paradigmas, social y familiar, educan a los hijos, que si se adaptan y lo incorporan a sus vidas y descendencia se verán integrados y aceptados, pero si no, se verán rechazados y cuestionados generando a veces el destierro y diferentes formas de castigo.

El paradigma de la sociedad y la familia en la que hemos nacido envuelve y atraviesa nuestra psique de forma inconsciente hasta que alguna situación detonante nos obliga a investigar lo que nos pasa y a encontrar respuestas, lo que ya supone el comienzo de un cambio de paradigma individual que siempre dejará su semilla de cambio en el paradigma colectivo.

El paradigma social, religioso, político, cultural y familiar de alrededor los últimos 5000 años se ha confabulado para encerrar a las mujeres en el ámbito el hogar y en un papel secundario de obediencia y servicio. El paradigma de género se ha aderezado de patrones sexuales asociados a la mujer y cargados de sometimiento al deseo masculino, de culpa y de pecado, de desprecio de su capacidad intelectual, de exigencias en cuanto al cuerpo normativo y a la maternidad, de limitaciones en la toma de decisiones… Este paradigma está cambiando con el movimiento feminista y todos los modelos rígidos del paradigma patriarcal respecto al sexo y el género asignado también están cambiando con los movimientos LGTBIQ+.

Como individuos tenemos nuestros propios paradigmas, formas de comportamiento, estilos, hábitos, diseños, proyectos, fantasías, sueños e ilusiones, pero cuando por cualquier circunstancia, como una crisis económica, una enfermedad, el proceso del envejecimiento, la muerte de familiares o la ruptura de relaciones se rompe nuestro modelo del mundo, se abre una situación inestable que nos obliga a cuestionar esos modelos adquiridos y a cambiar de paradigma. A veces no lo hacemos y esto suele manifestarse en la repetición de situaciones traumáticas. 

Cuando un paradigma imperante es cuestionado porque algunas costumbres y hábitos se quedan obsoletos, por crisis profundas con dolor y destrucción, por crisis climáticas y por falta recursos básicos, el paradigma empieza a transformarse.

Es importante reconocer que las crisis son una oportunidad para reconocer los paradigmas sociales y familiares que se han impuesto en nuestra vida, reflexionar sobre si nos identificamos con ellos o no y de esta forma descubrir nuestra esencia y nuestra libertad de elegir más allá de los modelos aprendidos.

Ahora estamos atravesando una crisis y con ella un cambio de paradigma que nos propone un despertar de la conciencia y romper con el sometimiento inconsciente a los paradigmas dominantes de los últimos 5000 años, con las formas de la desigualdad social a través de la explotación, la violencia y la guerra. El paradigma que está en crisis es heredero del paradigma patriarcal que desarrolló religiones para validar las estructuras piramidales en sociedades sometidas por los reyes y sus ejércitos, y que ahora lo están por el capital y quienes lo poseen y sus nuevas tecnologías de guerra.

Estas estructuras tan estables durante siglos están en proceso de crisis por la emergencia de la crisis climática, la crisis energética, la crisis del sistema capitalista, las guerras y la violencia que no cesa. Por la revolución científica y tecnológica, por la enorme movilidad humana y el fluido constante de las comunicaciones en internet, la llegada de la Inteligencia Artificial… 

Atravesamos una crisis de sentido y de valores que deja un vacío y revive ideas ultraconservadoras alentadas por los intereses de algunos y por una forma de locura extravagante y caótica. Este vacío se alimenta de ansiedad consumista, de culto al cuerpo y al ego, de confusión y bulos. Pero los intercambios y la movilidad, la libertad de expresión en los países democráticos, la liberación sexual y todas las libertades conquistadas no van a detenerse. 

Todos estos cambios son muy profundos y abren una grieta que separa el pasado del futuro, que rompe con valores tradicionales y obliga a ir más allá para comprender, descubrir, conocerse, crear respuestas, innovar, movilizarse y encontrar lo valioso que da sentido a la vida. En muchos lugares este proceso supone revoluciones traumáticas, en otros una vuelta al pasado más reaccionario; en otros puede que el proceso sea menos traumático, pero en todos se manifiesta una guerra entre las fuerzas que tenían el poder y las que buscan crear un mundo más igualitario en el que poder paliar los efectos del cambio climático, acoger la diversidad, eliminar la violencia y crear en comunidad.

El nuevo paradigma puede traer una forma de ser más consciente y menos egocéntrica y nuevas formas formas de organización social cooperativa que transciendan los antiguos modelos e ideologías políticas y religiosas. Huimos de los ideales platónicos y aterrizamos en la calle, en la realidad de la naturaleza y el planeta, de la materia como nuestra realidad física de la que parte la percepción de la realidad psíquica, emocional y espiritual.

Nace un modelo de sociedad más individualista, pero también mas cooperativa, en el que la innovación tecnológica y científica recorrerá cada vez mas nuestra vida cotidiana transformando los modos de relación, de comunicación y de pensamiento. Descubrimientos sorprendentes irán cambiando nuestras formas de comprensión del mundo y nuestras vidas.

De la humanidad como masa, sometida a los designios de los poderosos, al descubrimiento del valor individual y de la consciencia de ser que puede dar lugar a cambios en los sistemas educativos y en las dinámicas sociales y a una nueva relación con la naturaleza. Nace una nueva experiencia de lo sagrado que emerge íntima y profunda.

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