COMIENZA LA HISTORIA
LA ERA DE TAURO
En la Era de Tauro, del 6530 al 4200 AP, el toro aparece como representante de la Diosa Madre y símbolo de su fertilidad y abundancia. Los poblados agrícolas la honraban en sus rituales, donde el toro era a la vez el amante y el hijo de la Luna, que aparece representada en la forma de sus cuernos.
Muchos mitos asociados a los toros se originaron en esta época y será central en los rituales y sacrificios.
Florece la cultura minoica en Creta, entre los 5000 y 4000 AP, que honra a la Diosa y pone al toro en el centro de sus rituales junto a las abejas.

Entre 5000 y 3000 años AP (antes del presente) comienza la Edad de Bronce. Nacen los primeros imperios y el toro se convierte en el símbolo del poder de los emperadores, que se sitúan en la cúspide social.
La sociedad comienza a estratificarse en clases sociales con una estructura piramidal. Aunque la diosa andrógina sigue teniendo poder en los rituales, aparecen los dioses guerreros y patriarcales. La figura de la diosa se asocia a la fertilidad y la sexualidad.

La metalurgia del bronce es el resultado de una aleación de cobre y estaño que da lugar a un producto más resistente, por lo que se extiende su fabricación y comercio en todo tipo de herramientas, armas y utensilios.
Se desarrolla la agricultura, la ganadería, el regadío, la metalurgia, la alfarería y la escritura. Se crea el sistema sexagesimal, las matemáticas, la astronomía y la astrología que conocemos hoy. La medicina, la arquitectura, el trasporte con carros y el comercio. Aumenta la especialización y aparecen los gremios de artesanos, metalúrgicos, comerciantes y escribas. La estratificación social, el comercio, los conflictos territoriales y el control de las diferentes clases sociales y de las mujeres llevó a la creación de los primeros códigos legislativos.
Se construyeron dólmenes y megalitos, como Stonehenge, pirámides como la de Guiza y zigurats.
Se delimitaron y controlaron los territorios entre ciudades estado e imperios y surgió la necesidad de protegerlos, con lo que apareció la figura de los guerreros, que tendrán su protagonismo en la siguiente Era de Aries.
LA ERA DE ARIES
La ERA DE ARIES se extiende entre el 4200 y el 2151 AP (antes del presente).
Comienza la Edad de Hierro hace unos 3200 años y el carnero aparece como símbolo de pureza viril, como representación del hijo varón, el primogénito, el héroe.
En la Biblia vemos cómo el carnero simboliza y encarna al hijo de Abraham, Isaac, al que Dios le pidió en sacrificio como muestra de obediencia. Cuando Dios vio que Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo, mandó a un ángel para detenerlo y le pidió a cambio el sacrificio de un carnero.

Con la metalurgia del hierro y los imperios de orientación patriarcal y jerarquizada nació la guerra y con ella la clase social de los guerreros y militares. El hierro permitió fabricar armas más duras, se crearon mejores carros de combate y nuevas estrategias militares que convirtieron la guerra en una actividad importante y en un lucrativo negocio.
Nacieron nuevas deidades masculinas que empezaron a desplazar a las diosas neolíticas.
Se estableció el comienzo del año en Aries, simbolizado por el carnero, el signo que entonces coincidía con el punto vernal en el comienzo de la primavera.
En esa época se retiraban la humedad y el frío y los caminos empezaban a secarse por lo que se volvían más transitables, lo que permitía el desplazamiento de las tropas y los carros de combate y el inicio de las campañas militares.
Se desarrollaron las Matemáticas, la Astronomía y la Astrología y empezaron a crearse los primeros calendarios complejos basados en la progresión de la esfera celeste en su paso por el equinoccio terrestre, de donde nació el zodiaco, con su simbolismo asociado a los doce meses solares y a las tareas agrícolas, ganaderas y guerreras relacionadas con los diferentes climas. El tiempo, antes cercano, inmediato y fluido, pasó a ser productivo, organizado y lanzado hacia la conquista del poder y del futuro.
“La época que los libros de historia de principios de este siglo solían designar admirativamente como Gran Era de los imperios babilónico y asirio estuvo marcada por la más bárbara de las crueldades: cuerpos desollados vivos, ojos arrancados y miembros amputados, miles de prisioneros enemigos asesinados, […] Esto creó, más que ninguna otra cosa, una compulsión hacia la agresión. La mayoría de los hombres tenían que ser guerreros. Defendían la comunidad, vengaban a los muertos, honraban su apellido. El rey en particular tenía que ser un guerrero poderoso, como David. En honor a éste los guerreros danzaban y entonaban cánticos, que decían: Saúl mató a millares y David sus miríadas. […] La crueldad se convirtió en virtud y la barbarie en modo de vida. La guerra se consideraba natural y justa, camino digno de monarcas que un hombre debía seguir si quería servir a sus dioses, a su rey y a su país.”
“EL MITO DE LA DIOSA” – Anne Baring y Jules Cashford. Edit. Siruela.
Con la escritura nació la posibilidad de perpetuar las ideas, creencias, cuentos, historias, conocimientos y leyes. Los decretos de los reyes, al convertirse en escritos, adquirían una enorme validez y emergió la clase social de los escribas.
Los antiguos símbolos gráficos que servían para indicar objetos, situaciones o acontecimientos, cargados de energía y con la capacidad de evocar un contenido complejo de significado, se trasformaron en letras que componían palabras y éstas en frases que permitían un mayor detalle en la explicación de los hechos. Se crearon los primeros alfabetos, se elaboraron las ideas y conceptos de la filosofía, nació la ciencia y las nuevas religiones eran vertidas en los libros sagrados.
LA EPOPEYA DE GILGAMESH escrita en el cruce entre la Era de Tauro y la Era de Aries fue el primer relato heroico. En ella se cuenta la historia de Gilgamesh, el rey de la ciudad sumeria de Uruk, que se había convertido en un rey tiránico. Para acabar con esta situación los dioses crearon a Enkidu. Después de luchar, Gilgamesh y Enkidu se hicieron amigos y se lanzaron a vivir aventuras. Al volver a Uruk, la diosa Ishtar intentó seducir a Gilgamesh, pero éste la despreció, por lo que Ishtar mandó al Toro celeste a castigarlo destrozando todo a su paso hasta que Gilgamesh y Enkidu lo mataron. Después Enkidu cayó enfermo y murió.
Esta historia representa el final del paradigma de las diosas y la emergencia de la nueva figura del héroe que lucha para controlar sus instintos, buscar la pureza y encontrar la inmortalidad.

Encontramos otra versión de la misma mitología taurina en la historia de Ariadna y el Minotauro asesinado por Teseo, el nuevo héroe fundador de Atenas.
Hacia el 2200 AP se produjo un cataclismo climático que desencadenó sequías, hambrunas, enfermedades, guerras y revueltas que hicieron desaparecer algunos de los imperios creados a lo largo de la Edad de Bronce, como el de la Creta minoica, la micénica Grecia, el hitita en Anatolia, el asirio o el cananeo. En esta llamada “Edad Oscura” se produjeron además terremotos y erupciones volcánicas, nuevas migraciones desde las estepas y desiertos y la invasión de los llamados Pueblos del Mar.
Las tribus arias trajeron un nuevo panteón de dioses formado por la trinidad de Anahita, diosa de las aguas y la fertilidad, diosa virgen y madre de Mithra, dios de la luz solar junto al dios supremo de los Vedas, Aura Mazda, también llamado Ormuz, el dios absoluto del bien, del fuego y de la luz en lucha continua con Arimán, el dios del mal. Estos cultos de los arios o indo iranís dieron origen a la religión mazdeísta y su libro sagrado el Avesta con su profeta Zoroastro, que fue el fundador del zoroastrismo, una de las primeras religiones monoteístas.
El hombre, el sexo masculino, se convirtió en el centro del Universo, en el punto de referencia representado en la figura idealizada de Apolo, el nuevo dios solar que los romanos encarnaron en la figura de sus Césares.

