ARQUETIPOS – Del griego: arché = origen, typon = modelo.
C. G. Jung elaboró la idea de los ARQUETIPOS como elementos fundamentales en la psique colectiva que describen procesos instintivos y biológicos básicos. Habitan el mundo del Inconsciente Colectivo y se alimentan de nuestra interpretación emocional y subjetiva de todo lo que nos conmueve.
Están relacionados con aspectos básicos del instinto y la supervivencia y ejercen poder sobre nuestra vida consciente, un poder que nace de nuestra propia ignorancia sobre ellos.
C.G. Jung definió el inconsciente colectivo como un depósito de imágenes y símbolos compartidos por toda la humanidad y a los arquetipos como los modelos básicos de la actividad y la interpretación del mundo que componen el inconsciente colectivo y que están asociados a los instintos básicos, pero también a los procesos energéticos y a las manifestaciones de la naturaleza.
Viajan a través del tiempo y aparecen en todas las mitologías, símbolos, leyendas, expresiones culturales y religiosas de la humanidad y se manifiestan en nuestras proyecciones e interpretaciones de la realidad y en nuestros sueños.
Los Arquetipos se manifiestan en todas partes, en los fenómenos naturales, en nuestras relaciones, en el arte, en la música, en el cine y la literatura.
En la publicidad, en nuestra forma de vestir, de comer, de explicar e interpretar el mundo. En las guerras, en las revoluciones, en la política y en las religiones.
C.G. Jung nombró doce arquetipos como patrones universales de comportamiento o modos de funcionamiento heredados asociados a los instintos y los identificó como estructuras innatas en la psique que encontramos en todas las culturas y representan lo fundamental de la experiencia humana.
El contenido del arquetipo es inabarcable, no se puede definir ni racionalizar, por lo que solo podemos vislumbrar su existencia a través de la experiencia y de la emoción que nos despierta.
Las interpretaciones psíquicas de fenómenos naturales contienen tanto la experiencia física, instintiva y emocional como la interpretación simbólica de esos acontecimientos: el sexo, el parto y el nacimiento, la muerte, el hambre, el cambio de las estaciones, el miedo, la noche oscura, la luna, los animales, los peligros, los niños, la vejez, las inundaciones, las tormentas, los terremotos, los volcanes, el cuerpo, el territorio, el sueño, la enfermedad…
Combinan lo universal con lo individual, son comunes a toda la humanidad y se manifiestan en todas las mitologías del mundo.
Sus imágenes simbólicas están coloreadas por la interpretación que hacemos de esos acontecimientos vitales y por nuestra actitud y relación con ellos.
Para C.G. Jung la psique es una totalidad dinámica y abierta a todo tipo de influencias externas aunque mantiene su singularidad e individualidad y está compuesta por los tres niveles de consciencia: la consciencia, lo inconsciente personal y lo inconsciente colectivo, y por los arquetipos del Yo y el Sí mismo.
La consciencia es el darse cuenta de lo que surge del inconsciente y que se manifiesta a través de los sueños, de imágenes y símbolos, de las emociones, sensaciones y experiencias de sincronicidad.
Lo inconsciente personal tiene los contenidos de lo vivido y olvidado o reprimido, de lo heredado y de la experiencia con la familia y el entorno en el que nacemos y crecemos.
El inconsciente colectivo contiene los arquetipos asociados a los instintos y a sus manifestaciones y a las experiencias y emociones heredadas desde los tiempos ancestrales, como la muerte, el nacimiento, la infancia, la madre y el padre, la sexualidad…
El Yo o Ego es el centro organizador de la actividad consciente.
El Sí Mismo es el centro que rige tanto lo consciente como lo inconsciente. Es la totalidad de la psique, la unidad de consciente e inconsciente. Es la potencialidad de alcanzar la propia integración interna, la realización y la individuación que vemos simbolizada en la figura del Mandala.
La Individuación es un proceso de crecimiento psicológico que lleva a la integración de aspectos del inconsciente y al desarrollo del Sí mismo, lo que permite la integración en la consciencia de contenidos del inconsciente personal y del inconsciente colectivo.
El Sí mismo es el arquetipo de la unidad y la totalidad íntima, con lo que Jung decía “también se podría llamar el Dios dentro de nosotros”.
Este proceso ayuda a integrar la totalidad de la psique, lo que significa desarrollar las potencialidades individuales.
El proceso de Individuación:
Supone integrar el Arquetipo de la Sombra, pero antes necesitamos reconocer el arquetipo de la Máscara, nuestra imagen social, lo que mostramos y queremos que los demás vean de nosotros. La Máscara está cargada de las expectativas, palabras y actitudes de nuestros padres y familia antes y después de nacer y durante nuestro crecimiento. Cuando reconocemos el papel que representa nuestra Máscara dejamos de identificarnos con ella y aceptamos su función en la vida social. Entonces podemos percibir la Sombra, nuestra parte oscura, lo oculto e inconsciente, lo que hemos reprimido.
La Sombra contiene todos lo reprimido, lo inaceptable, lo que no es reconocido y hecho consciente. Los deseos e impulsos que son negados y reprimidos por el condicionamiento social o por el propio concepto e ideal del Yo.
Contiene todas las frustraciones, experiencias vergonzosas, dolorosas, miedos, inseguridades, rencor, agresividad… Sentimientos y experiencias que pueden ser personales y universales, como la maldad, el egoísmo, la envidia, el ansia de poder, la avaricia, los celos, la manipulación, la negligencia, la cobardía.
La sombra contiene todo lo negativo e inaceptable que el Yo/Ego no quiere asumir, pero no reconocer nuestra Sombra nos roba un aspecto importante de nuestro ser total, nuestro mayor potencial creativo que suele estar reprimido junto con la parte oscura.
La Sombra emerge a veces en los conflictos con los demás, en las reacciones de agresividad intensa, en los sentimientos de culpa, en los enfados y la irritación, en las actitudes egoístas y a veces en estados depresivos, ansiosos, de rechazo, desprecio, asco… Tanto si son vivencias personales como si las vivimos a través de las proyecciones en otras personas.
Cuando emerge el arquetipo de la Sombra y aceptamos sus contenidos personales y universales, emerge la creatividad escondida en los sótanos de la psique. Desarrollamos más comprensión y empatía, una perspectiva más amplia de la realidad y de lo humano y recuperamos energía. Reconocer e integrar nuestra Sombra es importante para desarrollar la madurez y el equilibrio íntimo.
